Vivimos en un país donde está mal visto hacer dinero y ganarse bien la vida. Está mal visto ser ambicioso y querer más y no conformarse con tan sólo “salir de ésta”. Cuando alguien tiene dinero lo catalogamos de snob materialista y nos convencemos de que como mínimo es mala persona o, al menos, superficial. La paradoja está en que todos queremos ser prósperos.