Dicen que la gente tiene más miedo a hablar en público que a morir. Y aunque a mí me parece exagerado, sí que debo reconocer que al principio era algo que me daba mucho respeto. Quizás te haya ido así: Las palmas empiezan a sudarte. El corazón se te acelera. Sales a la tarima y tu voz es un murmuro