¿Te lees los libros, escuchas los podcasts, haces cursos y entiendes perfectamente lo que te pasa… pero sigues cayendo en los mismos patrones?¿Te prometes que esta vez será distinto y, aun así, vuelves a la misma relación, al mismo tipo de jefe o ambiente tóxico o a reaccionar igual con tu familia?¿Te frustra saber tanto y cambiar tan poco? Saber no es lo mismo
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¿Eres de las que siempre se hace cargo de todo? ¿Solucionas lo tuyo y lo de los demás? ¿Te postulas voluntaria en el trabajo, sostienes emocionalmente a tu familia, estás para tus amigas, tus hijos y pareja? ¿Te dices que lo haces porque es tu forma de ser, generosa, comprometida o entregada? Puede que no sea solo eso. El llamado “síndrome de la salvadora”
¿Dudas de si lo que sientes es válido o exagerado? ¿Tiendes a minimizar tus emociones, a relativizarlas o a culparte por sentirlas? ¿Entiendes tan bien a los demás que terminas perdiendo de vista lo que te pasa a ti? ¿Miras atrás y te das cuenta de que, en el fondo, ya lo sabías… pero no te hiciste caso? Una de las formas más silenciosas
¿Sientes que no puedes confiar en ti? ¿Te bloquea y paraliza la toma de decisiones? ¿Te gobierna una sensación de no ser capaz que puede llevar a convierte en una persona asustada y pasiva? ¿Te cuesta tomar decisiones por miedo a equivocarte? ¿Necesitas que otros te confirmen y te reafirmen? La falta de confianza en ti misma no siempre se manifiesta como ansiedad evidente
Puede que te consideres una persona segura de ti misma y, aun así, vivas con una sensación constante de insuficiencia. Puede que sepas lo que vales a nivel racional, pero por dentro algo no termine de asentarse. Como si nunca acabaras de sentirte merecedora. Como si siempre hubiera algo mal en ti que tienes que compensar, corregir o mejorar. Una autoestima frágil no siempre
¿Cuando alguien se muestra distante contigo o se comporta raro te preguntas automáticamente si has hecho algo mal? ¿Te sientes culpable cuando pones un límite, dices que no o expresas una preferencia? ¿Te cuesta disfrutar cuando te eliges porque una parte de ti siente que está siendo egoísta, mala o injusta? Entonces tienes un problema de culpa aprendida y no un problema moral. La
¿Eres muy consciente del ambiente de un grupo? ¿Lees a las personas nada más entrar en una sala? ¿Te das cuenta de los silencios, de los cambios de tono, de lo que “podría pasar” antes incluso de que pase? Puede que te definas como empática, sensible, conciliadora, fácil. Pero quizá lo que te ocurre no es amabilidad, sino auto-acomodación inconsciente. La auto-acomodación no es
Puede que lleves años pensando que tienes un problema de autoestima, pero lo que realmente tienes es una herida mucho más profunda y extendida de lo que imaginas: la herida de “no soy suficiente”, “hay algo mal en mí” o “no merezco”. La reconoces cuando algo no te sale bien y tu mente salta directamente a culparte. Cuando alguien te rechaza y lo interpretas
¿Te cuesta expresar tu rabia? ¿Se te forma un nudo en la garganta antes de permitirte decir “esto no me sirve”? ¿Te sorprendes tragando situaciones que te hieren y acumulando resentimiento porque no fuiste capaz de poner un límite a tiempo? Si es así, no eres la única y tampoco es casualidad. A muchas mujeres nos han condicionado durante generaciones (y milenios) para ser
Si miras atrás (o en tu vida actual), puede que te des cuenta de algo curioso: en muchas de tus relaciones, lo que más te movía no era ser amada, sino el deseo de ser elegida. Es decir, de ser vista, de sentirte escogida. Y, si eres honesta, a veces daba igual por quién, mientras alguien te eligiera. Esa necesidad silenciosa (de que te
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