¿Cuando alguien se muestra distante contigo o se comporta raro te preguntas automáticamente si has hecho algo mal? ¿Te sientes culpable cuando pones un límite, dices que no o expresas una preferencia? ¿Te cuesta disfrutar cuando te eliges porque una parte de ti siente que está siendo egoísta, mala o injusta? Entonces tienes un problema de culpa aprendida y no un problema moral. La
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¿Eres muy consciente del ambiente de un grupo? ¿Lees a las personas nada más entrar en una sala? ¿Te das cuenta de los silencios, de los cambios de tono, de lo que “podría pasar” antes incluso de que pase? Puede que te definas como empática, sensible, conciliadora, fácil. Pero quizá lo que te ocurre no es amabilidad, sino auto-acomodación inconsciente. La auto-acomodación no es
Puede que lleves años pensando que tienes un problema de autoestima, pero lo que realmente tienes es una herida mucho más profunda y extendida de lo que imaginas: la herida de “no soy suficiente”, “hay algo mal en mí” o “no merezco”. La reconoces cuando algo no te sale bien y tu mente salta directamente a culparte. Cuando alguien te rechaza y lo interpretas
¿Te cuesta expresar tu rabia? ¿Se te forma un nudo en la garganta antes de permitirte decir “esto no me sirve”? ¿Te sorprendes tragando situaciones que te hieren y acumulando resentimiento porque no fuiste capaz de poner un límite a tiempo? Si es así, no eres la única y tampoco es casualidad. A muchas mujeres nos han condicionado durante generaciones (y milenios) para ser
Puede que quieras ser más feliz, pero sin darte cuenta has construido toda tu identidad alrededor de tu dolor. Te defines por lo que te pasó, por las heridas que ahora traer, por las ausencias que te marcaron. Y lo haces sin mala intención. Simplemente te acostumbraste a explicarte a través del sufrimiento. Tu historia te dio sentido en su momento. Te ayudó a
¿Tiendes a procurar complacer siempre a los demás? ¿Evitas el conflicto tragándote lo que sientes o quieres para no incomodar? ¿Te sobreexplicas para justificar lo que necesitas? ¿Siente empequeñecer ante ciertas personas o dinámicas? Si te reconoces, es muy probable que lleves dentro a esa “niña buena” dócil, la que aprendió que para ser querida había que adaptarse, callar, complacer y poner siempre las
¿Tienes la tendencia de perderte en tus relaciones? Puede que te reconozcas en esto: estás en todas partes menos en ti misma.Estás en las emociones de los demás, en lo que tu pareja necesita, en lo que tus hijos esperan, en lo que tu jefe demanda, en lo que tus amigas prefieren. Y poco a poco te vas borrando. Te desdibujas en los vínculos
¿Eres de las que lo hace todo porque si no ves que las cosas se desmoronan? ¿La que está pendiente de todo, incluso cuando nadie te lo pide? ¿Das de más en tus relaciones y sientes que no hay reciprocidad ni mutualidad y que existe cierta asimetría emocional? ¿Sientes, en lo más hondo, que tu valor depende de lo que das, de lo que
¿Alguna vez te has preguntado por qué ciertos comportamientos de las personas te molestan tanto? O, por el contrario, ¿por qué idealizas a alguien y lo colocas en un pedestal? La respuesta podría estar en algo tan común como la proyección. La proyección es un mecanismo de defensa psicológico que usamos para lidiar con partes de nosotros mismos que no queremos reconocer. Esas emociones,
Poco se habla de la limerencia pero es un estado mental por el que casi todos, en mayor o menor grado, hemos pasado alguna vez. Se trata de un estado de extrema obsesión, caracterizado por un fuerte deseo de reciprocidad. Experimentamos la limerencia cuando nos gusta o nos enamoramos de alguien y estamos en la proyección de nuestras fantasías, cuando nos rechazan o rompemos
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